Mi hijo pequeño y yo hablábamos sobre la historia de David y Goliat, que se encuentra en 1º de Samuel en el capítulo 17.
Al finalizar nos gusta hacer una lista de gigantes que tenemos en nuestras vidas que nos asustan o al menos nos preocupan.
Entonces mi hijo comenzó: "Mamá, ¿cuál es tu gigante?" yo le mencioné un par de ellos y me llegó el turno de preguntarle: "Dime ¿Y cuál es tu gigante ahora?"
Sin pensárselo ni un momento respondió "mi maestra!!"
Luego colocamos a nuestros gigantes en la oración y también trabajamos para derrotarlos.
Al pasar el tiempo podemos comprobar si ese gigante ha sido derrotado o si le queda alguna "batallita pendiente".
En nuestras vidas, como en un juego de estrategias, se nos van presentando gigantes de los más variados, cada uno de ellos, precisa de un método particular para ser derrotado.
Podemos elaborar listas de gigantes que nos acechan o nos cortan el paso en nuestro camino, pero tenemos en Jesús un poderoso recurso que es nuestro simplemente por confiar en él como un niño pequeño, y él nos da el ánimo y las fuerzas suficiente para derrotarlos.
La paz y seguridad que da el saber que el Rey del universo está a nuestro alcance, es más grande aún que cualquier gigante.
Con mi hijo llevamos casi 10 días jugando con letras, en diferentes texturas, construyendo sílabas y palabras cortas. Hacemos además, viajes a distintas bibliotecas para encontrar diversos materiales de apoyo para dominar las letras.
Ayer cuando salió de la escuela, nos dijo muy feliz, en respuesta a la pregunta: - "Y bien, ¿Cómo ha sido el día doy en la escuela?" -"Hoy ha sido bueno", "¡estoy contento!"
Anoche luego de una historia bíblica, antes de dormir escribió en un blog de juegos infantiles, tres palabras y unas sílabas, guardó su blog y el lápiz de color y se dejó caer en la almohada abrazando su oso marrón, estaba feliz.
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