Ayer, 31 de Diciembre, limpié, arreglé y preparé los parterres de mi terraza, para comenzar a cultivar una huerta. Con una pala planté los esquejes de higuera, y mi hijo pequeño, plantó guisantes y cebollas. Busqué en mi caja de semillas, las de perejil, habas y elegí algún cítrico. Hoy sembraré flores, ajos y buscaré algún bulbo para tener color en la primavera.
Haciendo todas estas tareas y mientras pensaba en la lista del nuevo año que iba a escribir, mi hijo pequeño abrió una escalera y la colocó en medio de la terraza y sentado arriba, me decía: "Mamá yo soy el vigilante de la huerta, y te miro."
Como cada año, muchos de nosotros, renovamos con esperanza las viejas listas mentales o escritas en papel. Promesas que, muchos sin desearlo, hemos roto o incumplido más de una.
También hay quienes, por prudencia prefieren no hacer listas, para no sentirse culpables o desilusionados al final del año.
Cuando le prometemos algo a nuestros hijos, ponemos todo nuestro empeño en cumplir con esa fábrica de ilusión y esperanza, que es nuestra palabra.
Nuestros hijos saben que cuando decimos algo, lo cumplimos. Y al paso de los años hemos desarrollado su confianza en nosotros, porque saben que nunca les prometemos nada que no podamos cumplir.
La razón por la cual nuestras listas nos generan sentimientos contradictorios, es porque a veces no somos leales con nosotros mismos o porque creamos listas con promesas que no sabemos si podremos cumplir.
En el libro de Esdras, el pueblo de Israel se reúne en la plaza, como una piña, y Esdras el escriba leyó el libro de la ley. Israel entonces confesando sus pecados, hace un pacto y la historia continúa así:
"A causa, pues de todo esto, nosotros hacemos fiel promesa, y la escribimos, firmada por nuestros príncipes por nuestros levitas y por nuestros sacerdotes..
Y el resto del pueblo..se reunieron..para protestar y jurar que andarían en la ley de Dios, que fue dada por Moisés siervo de Dios, y que guardarían, y cumplirían todos los mandamientos, decretos y estatutos de Jehová nuestro Señor"
Hoy, haré una nueva lista, y me haré con una pala nueva, para desenterrar cada día de manera más efectiva los tesoros que Dios tiene reservados para mí y mi familia.
Escribir me hace tomar conciencia de la ilusión y el compromiso que estoy generando conmigo misma.
En mi lista pondré a Dios, a mi familia, y unas pocas cosas sencillas que pueda alcanzar. Sé que me ayudará a conseguir las metas propuestas, o a abandonarlas según su voluntad.
Haré una lista que pueda ir aumentando al pasar los meses.
Y le pediré al Vigilante de mi Huerta Espiritual, que me siga sosteniendo con su mirada, para que cada día que pase sea mejor que el día anterior.
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