En 1889, Ellen White, escribió:
"Orad que Dios os dé un corazón de carne,
un corazón que pueda sentir los dolores ajenos,
que pueda ser conmovido por la angustia humana.
Orad que Dios os dé un corazón que no permita
que hagáis oídos sordos a la viuda o al huérfano.
Orad que podáis ser vasos de misericordia para el pobre,
el desvalido y el oprimido.
Orad para que podáis amar la justicia y odiar el fraude,
y que no hagáis diferencia en la dádiva de vuestros favores,
con la excepción de tener en cuenta los casos de los necesitados
e infortunados.
Entonces se cumplirán en vosotros las promesas registradas
en Isaías 58."
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